Plus ça change, plus (n´est pas) c'est la même chose

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SuperMario trabajaba en el Hotel Crowne Plaza, en Plaza Italia; ahí mismo, donde están todas las casas de instrumentos musicales de Santiago…de Chile. Un lujo para algunos. Una pelotudez para otros. A mi me parece un verdadero placer asiático.

Pero, SuperMario ya no está mas. ¿Que le habrá pasado? Como buen chileno de raza, siempre que desaparecía -raptado por Piscolas múltiples y toda la batahola que acompaña una jarana semejante- disponía de una enorme familia que asesinar. Y obvio, repartida desde Putre hasta Villa Consuelo. Y así iban cayendo víctimas de enfermedades atroces y costosas; dolencias laaargas, devastadoras. Puro sufrimiento.

Esta vez parece que le tocó a el.

Parece.

Me compré un pedal, arreglé una caja de monitoreo. Me subí al auto. Y llegó otro individuo que no lava autos. Mario los dejaba asquerosos –los autos- pero era SuperMario!  Ahí sonaba en mi cabeza una de Jorge González. Nada es para Siempre. Mira quien la cantaba!

Y volví unos días después. Un sopapo para la guitarra electroacústica. Y nada. Gameover. Y una tercera…

Cuando muy chico iba a ConCon de vacaciones. Con un amigo de infancia, teníamos un club entre unas rocas muy específicas y características. Me las sabía como hoy me sé el RUT. Al milímetro. Años después, ya adolescente, volví a las rocas de la Playa Amarilla. Busqué y busqué esas rocas tan específicas, con toda la calma del mundo, y nada. El mundo se mueve. Se sigue moviendo. Todo estaba ahí, pero todo el detalle ya no mas.

Como en el Crowne Plaza.

Volvimos de Europa hace casi un mes. Está todo igual. Allá también. Las cosas parecen iguales desde hace cientos de años. Pero ya tengo la nariz entrenada. Todo parece estar igual. Pero ya no. La gira fue emocionante. No fue lo mismo. No me quedo enredado en el placer de las primeras veces. Siempre hay nuevas primeras veces. Pero nada era lo mismo. Salvo la cerveza Checa y el encanto Turco.

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Esta vez nos dolió el crecimiento. Nos bofeteó el optimismo y nos descuadró tanto avión. Y todo esta vez fue distinto. Me quedé con lo bueno de eso sí. Y me quedé con esa sensación de que está todo en un perpetuo movimiento como de la marea lunar.

Muchos aún discuten y parecen estar seguros de porqué Fender fue vendida a CBS en los 60. Chupallas (Chuchas iba a escribir). ¡Yo nací y Fender ya no era de Leo Fender! La discusión de la calidad y tal, reverbera hasta hoy. Cientos de miles de dólares mueve la recompra de artículos de Fender pre 1965. Y sin embargo nadie discutió nunca que sismo llevo a Fender a ser trasferida a un mostro multinacional. Sismo, o terremoto, que es una forma abrupta de este movimiento sempiterno en el que deambulamos.

Descubrí alguna vez que los Beatles mataron la industria de los instrumentos musicales. Desde su irrupción, cada niño del mundo empezó a soñar con guitarras eléctricas. En esa época había un puñado de marcas. Luego de 1965, el mercado dejó de ser de algunas miles de unidades de instrumentos al año a millones. Y claro, no hay calidad sostenible en una marea en alza como esa. Se desplomó la calidad. Se dispararon los SKU, las casas musicales, los Crowne Plazas, los músicos de oficio, profesión, afición, de fin de semana. Fender se vendió para poder ser grande. El rock creció como nunca antes se había visto crecer nada semejante. Elvis tocaba bajo. No se vendieron mas bajos que guitarras. Curioso cómo se mueve todo, ¿no?

El año pasado se soltó la pepa. Es decir, se terminó de discurrir el velo medio venteado ya. Gibson está en quiebra. GIBSON!!!! Es como que, que se yo, como si Gibson estuviera en quiebra!!!! Inaudito!!!! La marca mas noble, valiosa, cara, apreciada, se fue al carajo. La que hacía las guitarras de todos los Jazzistas (Bueno, Pat Metheney no tanto); esa marca inaccesible para el tercer mundo. Los padres de la Les Paul. Los creadores de la Humbucker. Los que hicieron la guitarra de Jimmy Page, Alex Lifeson, Angus Young y taantos otro; los coléricos que crearon la Flying V, la Explorer. Los que nunca le achuntaron con un bajo a la altura. Esos mismos, quebraron.

Y SuperMario yo no lava autos en el Crowne Plaza. Y el Rock se retira de Dunkirk. De manera ingrata, cero glamour. Mientras las discográficas hoy venden Playlists, el Reguetón (última vez que escribo esta palabra) campea junto a su vástago el Trap y la música urbana. Y como los romanos en Rumania, o los españoles en Filipinas, el rock comienza a ser un recuerdo borroso; un ingrediente que algo se atisba por ahí entre tanta electrónica. Ahora, el océano que arrasó con todo la cultura precedente a nivel global, se anicha. Se agrupa refugiado en bastiones. En festivales de baja envergadura, mientras sus dinosaurios se van despidiendo, dejando espacio para mas Raves y mas perreo chacalonero. En Italia, donde alguna vez se forjó la mas bella música desde San Remo, el mejor rock progresivo de PFM, hoy se regocija con trap y el otro que no reescribiré.

Incluso mi hijo, gran talento, busca su destino en estudios de sonido, beats, trap. Nada de sala de ensayo mohosa ni nada de ese mundo que se deshace como castillo de arena.

Y ahí estamos nosotros. Nos damos cuenta del cambio. Pero nuestra naturaleza, aunque intentamos, no pudimos soterrarla. Seguimos siendo rockeros. Ya no hay Gibson Les Paul, no hay tocatas ni festivales ni espacios para el rock. O sea, si hay, pero en fase de contractura. No hay cobertura de medios, ni grupies, ni tantas cosas que eran como las piedras de la Playa Amarilla. Seguiremos con lo nuestro. Los Jazzistas luego de desplomarse, no reclamaron tanto.