¡Te pille pajareando! - Euro Tour 2019 - Parte I

 
 

“We're only at home when we're on the run”.- Dream Line; Roll the Bones (Neil Peart)

Por Zapallo Galaz

Nos bajamos hace 10 minutos del escenario 2 del “Kusadasi Youth Festival” Turco. Segundo año que venimos. El 2018 hicimos solo una fecha en el “Zeitinly Rock Festivali”, que tuvo lugar en Edremit, a unas 5 horas al norte de Kusadasi, donde estuvimos en el primero de dos shows que haremos acá en Turquía.

Entonces, cada cierto rato surge la mirada aquella. Y nos preguntamos ¿Cómo carajos vinimos a dar a acá? Recuerdo ahí a David Bisbal entrevistado en CNÑ. Ya sé, no tenemos nada en común con él, pero valga la cita. La muchacha de Shows de CNÑ le insinúa que ha tenido una gran suerte. El agradece. Se ríe y dice que si. Que “qué suerte la de él”. Pero, “ojo; qué la cantidad de trabajo que le he metido a la suerte”… acota.

No. No voy a referirme al trabajo. Sino a la suerte. La esquiva suerte. Esa que no tuvo la mina de la Roja Femenina, que hierra un penal en el minuto 92; un gol que las clasificaba, la inmortalizaba. Ahí había una tonelada y media de trabajo. Pero ¿la suerte? No, esa no fue al estadio esa noche.

Chilenitis le llaman otros. Los músicos que sobrevivimos desde los 80s recordamos claramente a Manuel Plaza. Su nombre enchapaba al gimnasio -ya erradicado por el progreso -que cobijaba al metal chileno en Plaza Egaña. Ahí ahora se construirá un complejo. Nada de complejo. Lleno de complejos. En fin.

Seguro la suerte del Gimnasio estaba en vilo desde su bautizo.

No importa cuántas veces “Juanito Panzer” o “Feedback” de Nestor Leal, hallan volado cabezas con sus riffs, sus solos y sus dobles pedales. No importó que “Pappo” hubiera llegado a oxidar el metal aún mas, para hacerlo mas ácido y poderoso y raspado en su escenario antológico. Verga. Manuel Plaza entró corriendo al “Estade de France”. El chileno iba despegado del pelotón, listo a coronarse el primer Oro olímpico de una maratón en tiempos modernos. La fanaticada lo aleonaba, paso firme, tranco demoledor. Un prócer del olimpo creado en Finis Terrae. Ah, pero la suertuda suerte, histérica, frígida, neurótica, le pareció “atroh” que un shileno mancillara así la historia naciente del orgulloso foro olímpico. Y, ¡tate! El huevón dobló para el otro lado; exhausto y distraído, la cagó. Llegó tercero. El Gimnasio llegó hasta los 90. Un complejo… más.

A la suerte hay que hacerla hueona. Mentirle. Contarle cuentos. Distraerla con múltiples ideales, sueños y objetivos. Para que se maree. Porque ser bueno, talentoso y trabajador es lejos lo mas importante. Y para que le pelotuda suerte no te cague, hay que mandarla a comprar pan. A ver si está lloviendo en la esquina (los colombianos no entiende que tiene de raro eso. En fin).

Entonces, cuando la Señorita suerte te está cagando con tu número de Lotería, o con el feo que no te interesa tanto, o con la billetera vacía que encontraste en el suelo (solo tenía tarjetas de plástico inútiles o descargadas) uno va y se pega el salto de verdad. Y ahí, en ese momento luminoso, te vas de gira a Europa y Turquía con tu banda.

Que la banda ha trabajado harto, que ensaya más, que insiste e insiste en bares vacíos y escenarios sin técnica, es parte del job description. Aún así, se va de gira una vez al año a Europa.

Quizás no suceda nunca más. Pero quizás la suerte ande sacando pasaporte, o votando en un plebiscito indescifrable, y el 2020, hagamos más giras, y conozcamos mas gente de lugares inesperados, que sienta que tu música es maravillosa; que tu banda es una aplanadora, que tu propuesta es profesional, sólida, o simplemente que “nunca habían visto una banda chilena”. Y aprovechando los descuidos de la diosa fortuna, tengamos que deslomarnos haciendo el delivery de esto de hacer giras por ultramar. Y ser felices. Y tener historias para compartir, para inspirar, para atesorar.

Para que el hijo de algún viejo amigo se le meta en la cabecita que puede tener cualquier sueño inaudito, y que lo puede hacer real. No importa que haya que partirse el alma entregando lo prometido después. Total, estamos soñando despiertos, auspiciados por la suerte distraída.