Simulation Theory: Un viaje al futuro que se siente irónicamente cíclico.

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Si hay algo que podemos decir de Muse es que han evolucionado con los tiempos. “Black Holes and Revelations” marca la última fase de lo que quizás, para muchos, es el sonido representativo de la banda, el cual se movía principalmente dentro del rock alternativo y progresivo, mientras le daban matices de hard rock, pop, y algunas pinceladas dramáticas.

The Resistance pasa a ser el primer peldaño claro en su exploración de música más operática, sinfónica inclusive, todo unido por un mortero de rock pop. En “The 2nd Law” se sueltan las trenzas y exploran elementos avant garde, de electronica, dubstep, etc. Hay que admitir que ese combo de dos discos fue bastante divisivo entre los fans, los que hasta Black Holes ya tenían una idea clara de lo que era la banda, o eso creían. Quizás incluso la misma banda se sintió algo alejada de su elemento, ya que su siguiente disco, “Drones“, parece ser un regreso a sus canchas: rock prog y alternativo vuelven a sentirse mucho más potentes, mientras que los elementos más sinfónicos ya parecen ser inherentes de la banda a estas alturas.

Dicho en pocas palabras, para bien o para mal, hay un antes y un despues de “The Resistance” en el sonido de Muse. El como sus letras también han ido creciendo con el tiempo hasta llegar a épicas antimilitaristas o contestatarias ha influido fuertemente en otros elementos de cada producción: el mensaje de cada disco permea el diseño del mismo, los singles y videos, etc.

Teniendo esto en cuenta, nadie tenía muy claro qué esperar de una nueva entrega de Muse más allá de un mensaje contra el status quo, hasta que comenzaron a revelar sus nuevas canciones de a poco. Pero es cuando se escucha todo el album en orden que la idea queda más clara. “Simulation Theory” es un regreso al sonido más electrónico, y no pierde ni un segundo en dejar claro sus influencias: su carátula presenta cuadrículas, neon rosado y verde turquesa, kanji, autos, lentes oscuros. Muse parece haber descubierto el synthwave, el cyberpunk y el retro ochentero en general. ¿Talvés se criaron viendo películas de Carpenter? ¿Quizás aún están soñando con Tron: Legacy todos estos años después? O, como buenos cinéfilos, quedaron marcados por Blade Runner 2077, o les quedó en la oreja el soundtrack de Thor: Ragnarok. Quizás son todas las anteriores.

Dicho esto, algunos de los elementos mencionados se presentan en formas refrescantes. Por ejemplo, la oda a los ochenta no se queda sólo en sintetizadores, sino que también se ve presente en lo sinfónico, donde hay pasajes reminiscentes a Queen. La tecnología, la propaganda los poderes imperantes y como el ser humano se enfrenta a ellos son los temas más recurrentes del album, lo que no debería sorprender a ningún fan de Muse a estas alturas. Sin embargo, hay que mencionar que es en esa ensalada de influencias donde tanto la fuerza como la debilidades del disco se encuentran; incorporan tantas ideas al mismo tiempo que es dificil que la combinación sea exitosa minuto a minuto. Hay que mencionar que la estética del album ciertamente complementa el dramatismo natural de la banda, la que en esta ocasión se dió el trabajo de producir videos para todas las canciones del disco y siguiendo la misma linea artística, lo que lo transforma en un ambicioso proyecto audiovisual.

El disco comienza con “Algorithm”, canción que establece el tono electrónico y épico del disco. El ritmo incesante puede sentirse repetitivo, pero como introducción funciona bastante bien. Y aunque soy bastante parcial hacia los sintetizadores futuristas – el synthwave me viene golpeando fuerte desde el 2013 -, hay que decir que aquí se sienten más pegados encima que realmente integrados en la instrumentalización, noción que se acentúa una vez que escuchas la versión de “realidad alterna”, la que suena como un tema más clásico de la banda. “The Dark Side” presenta problemas similares, pero la composición en sí es mucho más interesante, y la dominancia de la voz Bellamy le da una dimensión totalmente distinta. “Pressure” es un remezón del ambiente inicial pero sin tener que abandonar completamente los sintetizadores. Tonos fuertes y marcados por una batería con actitud, precediendo un coro melódico con armonías vocales de fondo: uno de los pasajes con sabor as Queen que mencionaba anteriormente. “Propaganda” se diferencia por sus guitarras simples pero con estilo, percusión acompañada de chasquidos, y cantos casi susurrados. Si “Pressure” me recuerda un poco a lo operático de Queen, “Propaganda” tiene el groove sexy de Prince. La impresión inmediata de “Break it to Me” es una amalgama entre música de medio oriente y Faith No More, lo que la separa bastante del resto del disco. Si eso no fuera suficiente, el trabajo de guitarras da la impresión de ser cortado de la misma tela que el outro de South Park. Es probablemente lo más ecléctico disco lleno de influencias contrastantes, pero funciona bastante bien.

“Something Human” es una especie de intermedio, dejando la intensidad de la primera mitad del disco atrás para presentarnos una balada popera, con algunos atisbos de algo que suena casi country. Hay momento que también me recuerdan a Phil Collins, pero no logro concretar el por qué. “Thought Contagion” es una canción extraña; por un lado, suena más a classic Muse que todo el resto del disco, pero por otro lado, pareciera ser la más permeada por influencias más contemporaneas, lo que parece contradictorio. Quizás es porque siempre han sido buenos para dejarse influenciar sin perder su propia identidad que esta canción da esa impresión. Es interesante escuchar como toman coros jóvenes y con energía, como lo que uno esperaría de una barra gringa universitaria durante un partido de futbol en una película, y los aplican en un ambiente oscuro, sobre todo considerando la letra, la que nuevamente habla de propaganda, aunque esta vez discutiendo el núcleo del problema: las ideas tóxicas.

“Get Up and Fight” sería, personalmente, mi punto bajo en el disco. Suena como un intento de crear su propio himno rockero, a la “Don't Stop Believing” o “Eye of the Tiger”, pero termina recordandome más al sonido punk/emo de principios de los 2000. “Blockades” es un regreso al ambiente futurista del principio del disco, y al igual que con este, se siente que la mezcla entre sintetizadores e instrumentos no es la más natural del mundo, pero logran complementarse en la sección instrumental. Aún así, creo que funciona mucho mejor que en “Algorithm”, y los toques de rock sinfónico de los coros le dan un toque particular, sobre todo al final de la canción. En cierta forma, “Dig Down” pareciera ser un intento de hacer lo mismo que en “Get Up and Fight”, pero la diferencia sería que en esta canción lo logran; a pesar de que los toques de dubstep son un poco distractores, los 80s priman. Queen, Prince y el gospel se ven representados en una mezcla con buen ritmo y melodía.

“The Void” cierra el disco con lo que pareciera ser más una introducción al mismo que su punto final; a mi parecer, este tema quedaría mucho mejor si viniera antes de “The Algorithm”, pero comenzar un disco con dos canciones así es capaz de matar el momentum de todo lo que venga después. Puede que esta haya sido la intención, da la impresión de un trabajo inconcluso, lo que complementa el mensaje esperanzador pero melancólico de la canción. Y a la vez, complementa también la impresión que tengo del disco: un trabajo interesante, ambicioso, pero que necesita más tiempo en el laboratorio.

Muse ha intentado nuevamente entrar en el mundo de la música electrónica, y creo que hasta el momento ha sido su mejor prueba, pero aún les falta afinar los detalles. Tomando en cuenta lo tarde que están llegando al synthwave y los sintetizadores ochenteros en particular. podrían haber sonado mucho más desconectados y forzados, así que los fans deberían considerarse afortunados en ese ámbito. Con “The 2nd Law” llegaron mucho más a tiempo al auge popular del dubstep, pero en esta ocasión, parecen haber estado mejor preparados. Esto no significa que el disco no tenga problemas a raíz de esta influencia; los arreglos muchas veces se sienten faltos de inspiración, y escuchar algunas de la canciones en distintos estilos sólo deja más claro que, quizás, ir en esta dirección no era lo mejor que podían hacer. Y esto lo digo como gran fan del synthwave, puede que a otras personas el sólo escuchar sintetizadores sea un deal breaker inmediato. A esto se suma lo reiterativo de los temas en sus letras desde “The Resistance”; a veces da la impresión de que estuvieran recomponiendo el mismo disco una y otra vez, adaptándolo a una nueva vertiente musical cada vez que lo hacen. No eran temas extraños para la banda antes de ese disco, pero la variedad era mayor. Aún así, hay que comendarlos por la ambición que tuvieron. Por cada momento en que se siente que el synthwave no cuaja completamente, logran combinar influencias tan dispares que nunca se me habría ocurrido cómo podrían sonar, y lo hacen funcionar.

Y aunque tengan altos y bajos, espero que Muse siempre saque eso a lucir: su capacidad de tomar lo que quieran, mezclarlo de maneras inéditas, y hacerlo suyo.

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